La última historia se quedó sin final, y no merecía quedarse colgando, así que Mánuel Bajo (que como director de cine no lo sé, pero como amigo no tiene precio), me dio este par de palabras para contar el final.Se puso en pie, miro al vació, al gris iluminado de esa soledad, cogió aire, lo expulsó en forma de vaho y cerró los ojos, se dispuso a dar un paso al frente y...
Y una vez levantado tomó la decisión. Todo seguía neblinoso, todo seguía frió, todo seguía apagado, seguía perdido.
Miró de frente a la niebla, rió y dijo : “¿De qué vas?”. Hubo silencio, y, pacientemente esperó su respuesta. Él ya había sacrificado su risa, ahora le tocaba a ella.
Una alarmante calma envolvió la situación y se pudo palpar el miedo.
Poco a poco la niebla le dejó ver una salida:pequeña y oscura, como la puerta de atrás de un garito, y le invitó a pasar. No le quedaron más cojones y pasó.
Fue entrar en esa calleja y sentirse absurdo, derrotado y solo.
No era la salida que siempre deseó, y francamente, tampoco la que se esperaba, pero era su salida, pequeña y absurda, una vez más.
Avanzó y de vez en cuando pensaba si morirían las NUBES, si de una vez se irían, si le dejarían ver una estrella, la estrella que tanto creía merecer.
Y siguió caminando, y como un iluso, cada siete pasos se giraba a ver si alguien le seguía, si no iba solo; pero no había nadie.
Entonces recordó aquellas pintadas que le sonaban a canción: “ Ten cuidao con
Una Marea de momentos, de despellejo, de cuentos de perder, cuentos que se hartaba de escribir, que se hartó de releer, que adornaban su plañir.
Y ahí se sentó. En medio de esa nada, de esa calle que resultó no ser tan distinta a las demás calles por las que había paseado antes, con su palestino y su MENTIRA corriendo por su cabeza, esa MENTIRA de cuento que se cansó de leer.
